I
A mis nueve años no entienden cuando hablo, aprieto mal el lápiz y siempre me salgo de la raya.
Mi mamá dibuja una víbora y me dice sss, sss, mientras recorre mi dedo por ella. No me gusta como suena.
Siempre pasa lo mismo. El ruido me distrae.
Pasa tu dedo por la letra y repite sss, sss, ese, ese… te estoy hablando…
Pasa tu dedo por la letra. Repite conmigo sss…
Muy bien ahora mira la hoja. Voltea a ver la letra, repite conmigo sopa… oma… masa… papa…. suma… upa… Fíjate sss…”
¿Por qué está prendida la tele? Mi mamá dice que no la vea. Los pitufos son azules, quiero un sombrero así. Hay ruido, mucho ruido. La tele habla sola. Mi mamá toma mi cabeza, volteo a verla, está enojada; grita: “SSSS”. ¡Vete no te quiero ver!”
Se mete a su cuarto, la escucho llorar. Yo también lloro, no me gusta que grite. ¿Qué es sss? Así hace la víbora y a mí me asusta.
Hoy no hay escuela: no me trenzaron el cabello. Iremos a una fiesta, este vestido rosa es mi favorito. Me gustan las albercas de hule espuma. Aquí mi mamá se ríe con sus primos. ¿Por qué tiene primos si ya es grande?
Otra niña y yo subimos y bajamos por la resbaladilla. Le pegamos a las piñatas. Me gusta, menos cuando son perros, me da miedo que les duela.
Ahora nos hablan para el pastel. Le pregunto a mi amiga si le gusta el patel. Se dice pastel, a ver repite… patel… ¿Por qué se ríen los otros? Cierro los ojos y con todas mis fuerzas repito: “¡patel, patel, patel!”
Quiero que se callen, no sé por qué ríen, yo no quiero reír, no es gracioso. Brinco por encima de la mesa. Jalo a mi amiga, la llevo lejos: Ya no quiere ir conmigo. Solo le voy a enseñar que sí sé hablar. “Patel, ya no me guta el patel”.
Mi mamá toma mi mano, mi familia sube al coche, todos guardan silencio, no me voltean a ver. ¿Están enojados porque ya no comieron pastel o también olvidaron la bolsa de dulces que ganaron en la piñata?
Estamos con otra doctora. Mi mamá llora otra vez. ¿Por qué siempre está triste? Hoy me porté bien e hice todo lo que me dijo la doctora… dibujé a mi familia, a mi hermana con cara seria, pero a ella no le puse lágrimas porque no quería que supiera que siempre llora.
Desde ese día, con la nueva doctora ya no prende la tele cuando saca las hojas de la carpeta negra. Me gustan los animales que dibuja, pero me da miedo repetir ssss, mmm, p, porque luego pone rayas y bolas para que yo diga algo, pero me confundo. Ella dice sopa…, yo repito sopa… y lo grita más fuerte “¡SOPA!”. Después de un rato me manda a mi cuarto y sé que va a llorar otra vez.
Entonces, ¿por qué vuelve a sacar la carpeta negra…? Antes íbamos a otras casas… ahí hay una niña que me quiere y juega conmigo en la escuela, ella no me pregunta lo que digo, ni deja que se rían de mí. Su mamá y la mía son amigas, ríen mucho, están de buenas. Deberíamos ir de vez en cuando.
Hoy le dije que fuéramos con nuestras amigas. Sonrió, me acarició el cabello. Si dices bien las palabras, vamos para allá.
¡Qué emoción! Voy a decir mmm…p…ssss y después con las bolas y los palos voy a fijarme bien en lo que dice ella para repetir igualito y podamos ir con nuestras amigas, allá estamos mejor.
Saca la carpeta negra, una hoja, ssss…. oma, oma. Fíjate bien sopa… oma… Así no vamos a ir. A ver, abre bien la boca y di sopa… No, no quiero, no entiende… ya lo dije bien, quiero ir a jugar… me bajo del banco y lo tiro… Grito con todas mis fuerzas: !OMA… ya vapos a ca de ami…¡
Mi mamá avienta la libreta, cae en mi pie, me duele… la pateo. Me jala el cabello, empieza a llorar. No quiero que llore, no me gusta. Me duele.
Intento quitar su mano. Me jala más fuerte y grita. No entiendo qué dice. Me avienta. Me pego con el banco. Me duele.
Me acuesto en el suelo. Lloro mientras me patea: api no egue… api no egue.
Más tarde bajamos a merendar. Tiene los ojos hinchados. No se lavó la cara. Ella, que siempre se arregla. No recuerdo otra merienda tan silenciosa.
Después de ese día no volví a ver la carpeta negra.
II
Comencé a ir más días con la terapeuta de lenguaje.
III
Con nadie platiqué esta historia, no sé si el resto de la familia lo sabe. Con el tiempo, algo se fue quebrando entre nosotras. Estoy segura de que me quiso, sin embargo, no fui tan apegada a ella como mis hermanas.
Me hubiera gustado que en algún momento hubiéramos hablado de arrepentimiento. Las lágrimas de hoy serían diferentes.
Con los años, al cursar la universidad, entendí que nadie puede ser maestra, mamá y terapista al mismo tiempo. No quise ser madre.
Ambas hicimos lo mejor. Hoy necesitaba decírselo. A pesar del silencio, sé que preciso su amor incondicional para seguir caminando. Quiero creer que aún lo tengo.



