A fuerza de uso y gracias a la obsolescencia programada, mi computadora ha llegado al final de su vida útil. No es que no haya dado batalla: ¡Vaya que la dio!”
Me sirvió por más de 12 años a mañana, tarde y noche. Me funcionó a lo largo de cuatro empleos distintos, todos de alta exigencia y con sus respectivas actualizaciones, siguió siendo útil y “competitiva” frente a nuevos equipos y sin fin de innovaciones, especialmente la popular Inteligencia Artificial.
Por más cuidadoso que fui, la computadora sufrió las heridas de las innumerables batallas y llegó el tiempo de cambiarla.
Gracias a Los Reyes Magos, ahora tengo una flamante, metálica y plateada nueva computadora, a la que hubo que cargarle un sistema operativo también flamante, que se compra por separado y el cual ya no pregunta: trae de origen la Inteligencia Artificial y un bonito ícono se encarga de recordarlo cada vez que se trabaja en ella.
Así, la IA ya está instalada en mi vida cotidiana, como también lo está en las vidas de millones de personas en el mundo, nos guste o no, independientemente de que la usemos o nos llegue a resultar útil o significativa. Ahí está y no hay manera de evitarlo.
Precisamente esa es la disyuntiva que plantea el Reporte Global de Riesgos 2026, del Foro Económico Mundial, que coloca a varios aspectos de la tecnología entre los diez primeros riegos globales que identifican más de mil 300 expertos de gobiernos, organizaciones internacionales y académicos, así como 11 mil líderes empresariales encuestados para elaborar el documento.
Al analizar el papel de la Inteligencia Artificial en el trabajo, el Reporte plantea un inquietante dilema: en el futuro, el uso de la IA como potenciador del trabajo humano ¿nos conducirá a una eventual “edad dorada” de la creatividad, el goce del tiempo libre y el aprendizaje o, por el contrario, la tecnología nos llevará a una pérdida total del sentido de trascendencia, a la apatía y a la decadencia social?
Los optimistas votan sin duda por la edad dorada. Según este punto de vista, la IA puesta al servicio de las personas, “los libera de tareas tediosas y repetitivas y potencia creatividad y les da tiempo para hacer cosas trascendentes”.
Inclusive, algunos ya están convencidos de que el proceso educativo es absolutamente imposible si no es dominado por esta tecnología, como si el ser humano no llevara siglos aprendiendo de sus maestros y a través de libros impresos y con un lápiz en la mano.
Y aunque sea “políticamente incorrecto” hablar así en el mundo de la tecnología, en realidad hay quienes tiene “otros datos”.
Por ejemplo, la consultora francesa Capgemini, presentó recientemente un estudio donde afirma que 70 por ciento de los ejecutivos de mercadotécnica en el mundo, afirma que la IA no ha liberado a su personal de las tareas repetitivas, pero la participación de estos ejecutivos en las mesas directivas de sus empresas ha caído de rangos superiores al 70 por ciento en 2024 a menos del 55 por ciento en 2025.
Es decir, al menos ellos “no están en la edad dorada”.
El Reporte del Foro Económico Mundial también advierte que “las preocupaciones en torno al impacto de la IA en los mercados laborales. pueden profundizar la polarización social si crecen el desempleo y las dificultades de los trabajadores para adaptarse a nuevos roles y tareas. En tal escenario, tanto la alta productividad como el alto desempleo pueden desarrollarse simultáneamente”.
Si quedaran dudas sobre este último tema, convendría preguntar a los más de 14 mil trabajadores de Amazon Web Services despedidos en el último trimestre de 2025 al ser sustituidos por aplicaciones de Inteligencia Artificial, muchas de las cuales ellos mismos contribuyeron a desarrollar, atraídos por el mito de que esta tecnología los liberaría de labores repetitivas, para dedicar su tiempo a actividades creativas de mayor valor.
Tampoco ellos están en la “edad dorada”.
Aún más, el Reporte Global de Riesgos 2026, pone el acento en un tema que no por pasar relativamente inadvertido es menos inquietante: la aplicación de la IA para usos militares.
Resulta que esta tecnología se está usando para desarrollar armamento y se advierte que los eventuales errores que se produzcan, “pueden poner en riesgo directo a toda la humanidad”.
O sea que la humanidad tampoco está en la “edad dorada”.
Finalmente, hasta los entusiastas de la IA dudan ante una simple pregunta: ¿Skynet sí o no?
Esto significa que no podemos descartar del todo el planteamiento de la vieja película de ciencia ficción “Terminator”, donde una empresa de armamento denominada Skynet comenzaba a utilizar IA para desarrollar armas y ésta superó a los seres humanos, hasta tomar el control del planeta y esclavizar a la humanidad.
Por supuesto, esto tampoco es “la edad dorada”.
Tan sólo hay que ver lo que dice el Reporte del Foro Económico Mundial: “Tanto el panorama de riesgos cuánticos como de la IA se intensificarán en la próxima década, lo que puede conducir a situaciones en las que los seres humanos pierdan el control”.



